NUESTRAS DIFERENCIAS REPRESENTAN POSIBILIDADES.( Discurso no presentado)
Todos
los días vemos, padecemos y ejercemos discriminación, todos somos
vulnerables y el reconocimiento de nuestra vulnerabilidad nos hará conscientes
de lo que un acto o palabras pueden hacer con la vida de alguien que tan sólo es
diferente a ti.
Saludos
a todos los asistentes que sin importar edad, sexo, preferencias sexuales o
ideologías religiosas, tienen fe en que
podemos cambiar el mundo.
Sepan
que al pensar en discriminación quise asociarlo con una experiencia propia y la
primera impresión fue estar lejos de esa experiencia, pero poco a poco los recuerdos
vinieron a mí.
Y
el más fuerte recuerdo fue el de una
niña de ropa gastada, cabello sucio y
desordenado que asistía a clases conmigo, cuando yo era una niña gordita de pie
plano que nunca invitaban a jugar, “alguien” tomo la iniciativa y empezó a
decir que ella era “La fea”, luego el juego era evitar tocarla o acercarte, así
yo si participaba en los juegos, así que jugué, después simplemente desapareció
un día no volvió a la escuela, no recuerdo su nombre ni que paso con ella.
Y
así todos los días vemos, padecemos y ejercemos discriminación cayendo en
acciones de las más comunes y volviéndolas algo desagradable para otros y
muchas veces no nos damos cuenta.
Mucho
se ha tratado de hacer legislando pero la discriminación no es regulable con
leyes, sólo sancionable en sus máximas consecuencias, pues es un acto natural
aunque debería ser un acto de conciencia personal.
Se
puede erradicar reconociendo la necesidad de nuestras diferencias, sin unos
seguramente no existirían otros, como el ying y el yang, sin los buenos no existen
los malos, sin pobres no habría ricos, en la realidad no hay puntos
intermedios, esas polaridades que concluyen en un final feliz donde sobreviven los
buenos de la historia solo suceden en la televisión.
Reconozco
lo bueno de mi, pero debo reconocer también esos rasgos míos de perversión y
maldad porque es mi naturaleza, las legislaciones por si mismas no podrán
erradicar nuestra naturaleza. Las leyes regulan los actos humanos, cuando parece
ser una predisposición natural discriminar, como la describió Darwin en la
Selección natural, parecen ser actos del hombre en la máxima expresión
filosófica de los conceptos y como tales no regulables, no se puede evitar lo
natural, como no se puede evitar que salga el sol.
Entonces,
¿qué podemos hacer? Pues creo que si los seres humanos aprendemos lo básico de
nuestra existencia por imitación, es obligación de todos sacar esa espina
venenosa de los corazones de los que conformarán las futuras generaciones, con
el ejemplo.
Empecemos
erradicando todas las conjugaciones de la expresión “no puedo” pues cuando
asumes las diferencias e identificas la gran cantidad de posibilidades que
otorga ser diferentes, entonces superas tus diferencias o imposibilidades, para
hacerlas posibles.
¡No
puedes jugar futbol, porque no tienes una pierna! Claro que puedes, el límite
es tu imaginación.
¡Los
niños No pueden opinar por ser pequeños! Claro que pueden y son hermosas sus
opiniones.
¡No
puedes ser ciudadano ejemplar porque tienes un amor diferente! ¿Por qué no?... ¡No
Podemos trabajar en esto porque somos mujeres!... ¡No puedo estudiar porque soy
pobre!… etc. ¡Mejor dime lo que no puedes hacer y te diré lo que no quieres
hacer!
Dame
el ejemplo de que todos somos diferentes y sobresalir por nuestras diferencias
nos vuelve un modelo a seguir, evito discriminar por cada una de las personas
que conozco para las que no ha habido obstáculos y para los que una etiqueta no
acaba con su vida, si no, la fortalece para ser aun mejor.
La
discriminación se puede erradicar con el reconocimiento de la necesidad de
nuestras diferencias y considerando que nuestras diferencias representan
posibilidades y no lo opuesto.
Legisladores,
políticos, gobernantes, sepan que sus leyes son incongruentes pues en esta
sociedad del conocimiento que vivimos, en la que se empeñan en darle nombre a
todas las cosas se ha generado un mundo
de etiquetas, que sus leyes favorecen y luego quieren erradicarlas con más leyes que regulen solamente las consecuencias
de su trabajo.
Me
venden la imagen modelo de una mujer heroína, ama de casa, esposa,
profesionista… y luego pretenden que
acepte y vea de buena manera a la mujer que decidió sólo ¡ser ama de casa!
Me
venden la creencia de que si logro tener mucho dinero seré ¡Feliz! rodeada de
gente, autos, objetos caros y llamativos; después no quieren que vea mal ese
hombre de ropa gastada que camina largos tramos con zapatos gastados para
llegar a un empleo tan digno como el mío.
Sé
que ustedes legisladores también son discriminados, etiquetados por las
acciones de unos cuantos, así que lo
comprenden, no legislen sobre quién va a barrer en casa, legislen los
prototipos falsos de la gente en los medios de comunicación y pongan el ejemplo
reconociendo su vulnerabilidad.
Es
necesario que cada uno de nosotros reconozca lo que nos hace vulnerables, que
recordemos que siempre hay y habrá un momento que nos vuelva vulnerables todos
hemos sido discriminados, luego debemos reconocer que lo que yo soy, conozco y
anhelo no es lo mismo que son, conocen, y anhelan los demás.
Un
maestro en la escuela conto una parábola que jamás olvidaré y de la que
desconozco origen: Narraba la historia que cuando Jesucristo vino a este mundo
terrenal vino dispuesto a entregar a la humanidad la verdad absoluta sobre la
vida, para poder hacer la entrega material trajo la “verdad” convertida en una
esfera de cristal.
Cuando
Jesucristo dijo a los hombres y mujeres que en sus manos dejaría la verdad absoluta
sobre la vida en esa esfera de cristal, se lanzaron sobre la esfera, todos
intentando ser únicos poseedores de la verdad.
Finalmente
la esfera se rompió y cada uno de los hombres y mujeres se quedaron un
fragmento de la esa esfera, un pequeño fragmento de la “verdad”
Esta
parábola habla de nuestras diferencias, mi verdad es distinta que la tuya, no
por ello los demás tendrán que someterse a ella. Reconoce tu verdad, vívela, disfrútala,
acéptala, muéstrala, te hará feliz, pero también acepta que nadie está obligado
a creer en tú verdad. Así podremos también
aceptar a los demás.
Gracias
por atender a mis palabras y agradezco a los que me han discriminado por la
fortaleza que me han dado y me disculpo por los que discrimine, no les prometo
que no lo volveré a hacer.
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